Iba la lechera con su cántaro,
pensando que vendería la leche ; con el dinero de la venta compraría
huevos, los haría empollar y así tendría pollos que serían después
gallinas ; vendería las gallinas y se compraría una vaca ; la vaca
daría terneras, con cuya venta se compraría una casa. Con eso podría hacerse de un marido.
En
eso iba pensando cuando tropezó y vino a dar al suelo. El cántaro se le quebró, y se derramó la
leche. ¡Adiós todos los sueños !
Al
día siguiente la lechera regresó al mercado, y le volvió a ocurrir lo
mismo. Y se repitió dos días más.
Al
quinto día se sentó al borde del camino y se tomó la leche. ¡Qué sabrosa estaba ! ¡Cuán nutritiva era ! Por primera vez en su vida la lechera gozó,
no de lo que pensaba tener en el futuro, sino de lo que tenía en el presente.
--Armando
Fuentes Aguirre, Reforma (Ciudad de México)