Ana Cortesi-Jarvis (Paraguay: 1937-       )

La señorita Julia

 

Alberto Aguirre necesita ganar algún dinero para poder asistir a la univer­sidad.

Solicita y obtiene un trabajo en casa de la señorita Julia Ocampos, anciana de

ochenta años, que tiene muchísimo dinero y vive sola, con una criada.

El trabajo de Alberto consiste en hacer un inventario completo de todas

las posesiones de la señorita Julia.

Un día, Alberto sube a un cuarto pequeño,--con cortinas de encaje blanco

y  olor a jazmines. Es entonces que nota el cuadro enorme colgado en la pared.

Es el retrato de una muchacha de belleza espléndida, sentada bajo un árbol

grande, con margaritas en el regazo.

Alberto pasa horas en el cuarto, contemplando el cuadro. Allí trabaja,

come, sueña, vive...

Un día oye los pasos de la señorita Julia, que viene hacia el cuarto.

--¿Quién es?-- pregunta Alberto, señalando el cuadro con una mezcla

de admiración, respeto y delirio.

--Soy yo... --responde la señorita Julia--, yo a los dieciocho años. Alberto

mira el cuadro y mira a la señorita Julia, alternativamente. En su corazón nace

un profundo odio por la señorita Julia, que es vieja y arrugada y tiene el pelo blanco.

Cada día que pasa, Alberto está mis pálido y nervioso. Casi no trabaja.

Cada día está más enamorado de la muchacha del cuadro, y cada día odia

más a la señorita Julia.

Una noche, cuando está listo para regresar a su casa, oye pasos que

vienen hacia el cuarto. Es la señorita Julia.

--Su trabajo está terminado --dice--; no necesita regresar mañana...

Alberto mata a la señorita Julia y pone el cadáver de la anciana a los

pies de la muchacha.

Pasan dos días. La criada llama a la policía cuando descubre el cuerpo

de la señorita Julia en el cuarto de arriba.

--Estoy segura de que fue un ladrón--solloza la criada.

--¿Falta algo de valor?--pregunta uno de los policías mirando a su alrededor.

La criada tiene una idea. Va a buscar el inventario detallado, escrito por

Alberto con su letra pequeña y apretada.  Los dos policías leen el inventario y van

por toda la casa y ven que no falta nada.

Regresan al cuarto.

Parados al lado de la ventana con cortinas de encaje blanco y olor a jazmines,

leen la descripcion del cuadro que tienen frente a ellos: «retrato

de una muchacha de belleza espléndida, sentada bajo un árbol grande, con

margaritas en el regazo.»

--¡Que raro!- -exclama uno de los policias, frunciendo el ceño--según

este inventario, es el retrato de una muchacha, no de una pareja...