Enrique Anderson Imbert

La pierna dormida

 

Esa mañana, al despertarse, Félix se miró las piernas, abiertas sobre la cama,

 y, ya dispuesto a levantarse, se dijo: "y si dejara la izquierda aquí?» Meditó

un instante.   "No, imposible; si echo la derecha al suelo, seguro que va a

arrastrar también la izquierda, que lleva pegada.   ¡Ea!  Hagamos la prueba." 

Y todo salió bien. Se fue al baño, saltando en un solo pie, mientras la

pierna izquierda siguió dormida sobre las sabanas.

 

 

Tabú

El angel de la guarda le susurró a Fabián por detrás del hombro:

-¡Cuidado, Fabián! Está dispuesto que mueras en cuanto pronuncies

la palabra zangolotino.

--¿Zangolotino?--pregunta Fabian, azorado.

Y muere.