Fernando Díaz-Plaja

El español y los siete pecados capitales (Fragmento)

 

(sobre el conductor español)

En las carreteras españolas --como en las de otros países del mundo

siguiendo el modelo internacional-- hay dos o tres carriles. El de la derecha

es para los coches que vayan más lentamente porque su motor o la necesidad

del deseo del conductor así lo exija; el de la izquierda para los más rápidos;

el del centro para los de velocidad intermedia.  ¿Está claro?

 

Pues para el español, no. Porque aunque su coche sea de modelo antiguo,

aunque quiera ir gozando del paisaje sin prisas, el español se resiste a ir por

un carril que indica claramente a todo el mundo que su coche es el más lento,

Es como una declaración gigantesca de inferioridad y el dueño de ese automóvil

tiene la sensación de que millares de personas le senalan al verle pasar. iMírale!

iPobre! iEl que va más despacio!

 

Y para evitar ese infamante título, el utilitario se desplaza digno y tranquilo por

el centro oyendo, sin inmutarse, los bocinazos de los que intentan pasarle. Y que,

por fin, tienen que adelantarle por el carril extremo de la derecha que, en general,

es el único libre. Contra toda lógica y todo reglamento de la circulación.